Nacional-alcoholismo
Desde hace tiempo, la publicidad se ha impregnado de identidades nacionalistas como fórmula de éxito para conectar con su clientela. O puede que sea al revés, los regionalismos se han llenado de publicidad, ¿qué fue primero?
Andalucía es Cruzcampo y palmas, Madrid es una Mahou canalla, Galicia es pulpeiras y Estrella Galicia servida desde un grifo de cerámica de Sargadelos, la costa mediterránea es gente guapa y bronceada que toma Estrella Damm.
Por una cuestión de cercanía, me voy a centrar en los casos de Madrid y Andalucía (se puede intuir cuál es la historia de mi familia).
Si pusieras un anuncio de Cruzcampo y uno de Turismo de Andalucía lado a lado, serían prácticamente indistinguibles: playas gaditanas, lunares, acento, morenas de bandera, flamenco con un toque urbano, fusión de palmas con electrónica (La Plazuela son un psyop de la industria cervecera andaluza) y alguna mención a Lorca o Lola Flores.
El que se atreva a cuestionar esto es un andaluz arrepentío que se ha ido a la capital a hacerse el moderno.
Beber Cruzcampo no es solo una cuestión de que es la cerveza que se produce más próxima a tu localidad, sino que demuestra al resto a qué «raza» perteneces. Solo un buche te separa de Blas Infante.
Yo me pregunto: ¿cómo demostrar que la comunidad autónoma más poblada de España no es el chiringuito espetero de Europa si desde las propias administraciones venden esta imagen?
Ahora que se acerca San Isidro las etiquetas de Mahou empiezan a florecer con claveles rojos, porque qué hay más castizo que pillarse una moña al sol.
Ya lo dijo nuestra hija de puta Presidenta de la CAM: Madrid es cañitas en una terraza y a quien no le guste que se vaya a ser un rojeras a Barcelona.
A falta de una identidad regional sólida, las cinco estrellas de Mahou coronan el cielo de todos los madrileños.
Los más peperos son adeptos a la hermandad del Santo Doble y celebran su misa etílica en Chamberí mientras claman «¡libertad!». Los vallekanos comparten la litrona consagrada en las Siete Tetas o en su banco de confianza; algunos incluso se tatúan una lata como símbolo de canallismo.
Todo esto podría quedar como una anécdota sin importancia, pero la CAM se niega a incluir el alcohol en su programa antidroga1, a pesar de que el alcohol es la causa por la que más personas fueron atendidas en lo que respecta a adicciones.
Sobre esto podéis leer más en este artículo de Oihan Iturbide.
Muchas veces cuando se alude a la calidad de vida en España, se señalan esas horas de vida tras el trabajo que nos regala el Sol, pero, si miramos fijamente, en esos vídeos y artículos prácticamente solo vemos gente en bares y terrazas. ¿Dónde queda la cultura y la comunidad cuando uno no bebe? ¿Acaso uno se vuelve apátrida cuando reniega del patrimonio etílico de su región?



